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miércoles, 3 de junio de 2020

LA HOJA EN BLANCO



            Hoy me han venido a la memoria las palabras de John  Lennon cuando afirmaba que “la vida es eso que comienza después del primer café”. 

            Y, quizá, es que la frase tiene cierto paralelismo con la formulación de lo  que yo estaba pensando en ese momento: que el destino es eso que inventamos  para justificar nuestra incapacidad para exprimir la vida hasta la última gota. Creer en el destino me parece una excusa para liberarnos del peso de nuestros actos y sus consecuencias. 

           Estoy segura de que no hay nada escrito en mi vida que no haya rubricado yo misma. Aunque a veces dude sobre si he tenido, o no, la valentía suficiente para cambiar mi rumbo cuando la senda elegida no me ha llevado a donde quería ir, he sido yo, y solo yo, quien me ha traído hasta aquí haciendo uso  de mi libertad. 

            Porque en eso consiste la libertad, ¿no?, en tener el coraje de dar marcha atrás para impulsarnos en un salto hacia delante aunque caigamos fuera del camino. 

            Quiero ser yo la única  que  emborrone mi hoja en blanco, la única que en ella borre metas o decore  sueños con mis colores favoritos. 

           Siempre he luchado por ello y ahora, aunque mis pinceles estén algo más gastados, seguiré pintando mi vida hasta que se me acaben las pinturas.

Belén Rodríguez 



lunes, 2 de febrero de 2015

ANDANZAS DE UN GUIJARRO


Le llamaron guijarro.
Un nombre tan bueno como cualquiera
a falta de uno mejor.
Pero con el paso del tiempo
le hemos apodado con muchos otros.




Si se empeña en meterse en un zapato,
le llamamos china,
aunque no tiene patria,
ni género femenino,
ni ningún género.




Si le damos una patada al pasear
le llamamos canto.
Pero no tiene sentido musical,
ni canta cuando rueda
por el sendero.




Si es más pequeño que sus congéneres
se le llama chinarro,
si es más grande piedra,
y al mayor de todos,
un tanto despectivamente,
le llamamos pedrusco.




Al guijarro le da igual.
Tampoco se ofende por el maltrato
al que se ve sometido
cuando, sin miramientos,
le zarandeamos.




Y si, la punta de un pie,
le ahoga en un charco,
sus pulmones no se anegan.
No tiene pulmones,
no respira.




Se aposenta, inmutable,
en el lecho acuoso
con el vaivén de las ondas
que ha provocado
su precipitación.




El guijarro ha hecho
un amago de baile
pero lo ignora.
La pieza ejecutada
no la ha elegido él.




Permanecerá, anodino,
en el fondo de su océano
hasta que el sol reseque los contornos
y un día emerja, fundido con otros como él,
tras una máscara agrietada
que en nada recuerda
a lo que fueron.




Belén Rodríguez


lunes, 22 de septiembre de 2014

LA OTRA



Miro sus ojos:
aguanta desafiante la mirada.
Somos tan parecidas
y a la vez 
tan diferentes...
agua de mar y de lluvia
que riegan el mismo cauce.




La veo mimetizar mis gestos
desde el otro lado,
sin un solo error,
metódica.




Pienso en ello.
Me asusta.
¿Seré yo quien le copia a ella
en una reducción al absurdo?.




Mi corazón cabalga al galope.
El suyo va al paso
blindado por el cristal
del espejo.






Belén R.